Y cómo expiarlos sin culpa, culpita culpa ni dejar de ser tú mesmo
Ningún hombre nació sabiendo cómo cuidar su piel, cómo resolver ecuaciones de segundo grado o lo que es una bujía.
Lo que hacemos lo aprendimos por imitación, por (las de la) intuición o copia de otros homínidos. Por eso el cuidado facial masculino está lleno de errores que se repiten generación tras generación, como pecados capitales que cometemos sin mala intención… pero con penitencias visibles en la cara.
Porque en el cuidado facial, como en la vida, pecar es fácil. Eso sí, en este caso expiar da gustirri.